
Ya he terminado el chacó, con la escarapela y el cordón. Le toca el turno a los alamares. Es quizás la parte más tediosa y delicada, hay que tomarla con calma y sin precipitarse. En buena parte la vistosidad general de esta pieza depende de un correcto acabado de este detalle, así que paciencia y buena letra.









